De villanos a héroes por una crisis. «El camionero en ruta». Opinión

@Camioneroleones.-  Hoy me he permitido la licencia, previa pedida del permiso correspondiente del autor, de trasladar a este blog, el artículo de opinión del colaborador habitual de Diario de Transporte «El camionero en ruta», para que los seguidores de mi blog, conozcan la situación real por la que están atravesando los conductores de camiones y autobuses, como consecuencia de la crisis mundial por el coronavirus.

Ese es el texto integro del artículo de opinión de hoy del autor antes citado, publicado en Diario de Transporte: 

«Es triste, muy triste, que como consecuencia de la crisis mundial causada por la pandemia del coronavirus o covid-19, de pronto, los conductores de camiones y autobuses, junto con los taxistas, hemos pasado de villanos a héroes, como si antes no fuéramos los mismos, esos que, sobre todo en el transporte de mercancías por carretera, eramos molestos a los ojos de gobernantes ignorantes y ciudadanos ansiosos por llegar a sus destinos vacacionales.

Es triste, muy triste, que ahora resultemos imprescindibles para una sociedad, porque ¡¡Milagro!!, ahora se han dado cuenta los mismos que nos demonizaban, que sin nuestro trabajo al volante sus vidas están perdidas. Sin nosotros no tienen esa necesidad imperiosa de acumular papel higiénico en sus casas, aunque todavía no se muy bien para qué, tal vez sea para poder limpiarse el miedo de esta psicosis colectiva y neurótica causada por la crisis de este virus.

Pero análisis médicos aparte, me indigna que, además, los conductores de camiones y autobuses, seamos, de pronto, considerados como «personal de bajo riesgo», lo mismo que los son las personas que forman parte de los colectivos laborales como Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, personal médico y sanitarios, conductores de ambulancias o de asistencia sanitaria. Como si nuestro organismo no pudiera ser contagiado por el dichoso virus.

Es triste, muy triste que, de pronto, como por arte de magia y de extrema necesidad, hoy el Boletín Oficial del Estado, publicara una Resolución de la Dirección General de Transportes, por la que se anulaban los artículos del Reglamento 561/2006 que regulan los tiempos de conducción y descanso de los conductores de camiones y autobuses, cuando tengan que circular con sus vehículos por las zonas declaradas de «alto o medio riesgo» por el coronavirus. Ahora sí que no somos villanos, de pronto nos hemos convertido en héroes por conveniencia de gobernantes y por necesidad de aquellos que nos demonizan en las carreteras en épocas vacacionales, puentes y fines de semana.

Precisamente los mismos que hacen todo lo posible, legal y con presiones, para apartarnos de las carreteras y dejarnos tirados en cualquier lado, para que ellos puedan llegar cómodamente a sus destinos, no sea que pierdan la oportunidad de poder poner su toalla a las 6 de la mañana en primera linea de playa, o llegar con sus coches oficiales a reuniones politices y personales cómodamente instalados en el asiento trasero, pero con el más absoluto desconocimiento del trabajo y la realidad diaria de los conductores de camiones y autobuses.

Es triste, muy triste, que hoy 14 de marzo de 2020, en plena crisis y psicosis colectiva, los camioneros y conductores de autobús se encuentren tirados en las carreteras, con restaurantes y establecimientos hoteleros cerrados, en los que no pueden comer, cenar o acudir al baño para las más básicas necesidades higiénicas. 

Pero eso si, no olvidemos que hemos sido declarados personal laboral de «bajo riesgo» y tenemos que saltarnos los tiempos de conducción y descanso para llevar mercancías a los grandes almacenes de distribución, no sea que los ciudadanos alarmados no tengan «papel higiénico», o los viajeros no puedan llegar a sus destinos para «aislarse en las zonas rurales»; porque, esa es otra, ahora los de los pueblos y zonas costeras, ya nos somos «unos paletos», y tenemos que recibir a los histéricos ciudadanos de la ciudades que huyen de las grandes urbes con riesgo de contagio, para refugiarse en aquellas zonas de España donde el aire es puro.

Es triste, muy triste, que una vez pasada esta crisis, volvamos nuevamente a ser molestos en las carretera, y nos vuelvan a obligar a aparcar nuestros camiones en cualquier lugar de «mala muerte», para que ellos puedan llegar a primera hora de la madrugada a pelearse para poner la toalla en «primera línea de playa».

En fin, esperemos que una vez pasada esta crisis sanitaria del coronavirus, no se olviden de que hemos sido imprescindibles para la sociedad, y se tenga mucho más en cuenta nuestra profesión y nuestro trabajo como conductores de camiones y autobuses, para que, al menos, se dignifique nuestra profesión, laboral y socialmente como se merece.

No quiero terminar sin mandar desde estas humildes líneas un enorme abrazo y apoyo absolutamente solidarios, a todos los conductores de los dos sectores del transporte por carretera, que en estos momentos están dando todo lo mejor de ellos mismos al volante, para seguir siendo los profesionales que siempre han sido y siempre serán. Para ellos, ahora más que nunca: ¡¡¡¡BUENA RUTA!!!!».

Foto: Archivo Camioneroleones

 

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Llegar 42 años tarde, es difícil, pero no imposible

Las nuevas peticiones, declaraciones, mociones municipales y reivindicaciones para que León, Zamora y Salamanca tengan reconocida su propia autonomía como País Leonés, desgraciadamente llegan 42 años tarde, demasiado tarde, lo cual convierte todo esto en que sea casi imposible que se haga realidad pero, como todo en esta vida, no es imposible.

Llega 42 años tarde porque cuando en el año 1978 se constituyó la pre-autonomía de Castilla y León, una vez más, para no variar, los políticos que entonces estaban electos en las tres provincias, miraron para otro lado. Especialmente los de la provincia leonesa, con Rodolfo Martin Villa al frente, entonces Ministro de Interior, curiosamente nacido en Santa Maria del Páramo.

Una vez más, León mira para otro lado, se somete con esa especie de «complejo de inferioridad» a los gobernantes que no viven en la provincia, y ahora parece que han despertado 42 años después, para darse cuenta de que las tres provincias han sido desmanteladas, la población ha envejecido, los jóvenes continúan marchándose y, ahora ya formamos parte de esa denominación que no me gusta nada y que se ha puesto de moda: «la España vaciada».

¿Vaciada de qué? Vaciada de ideas, de proyectos que tengan futuro, de mirar únicamente a las zonas rurales como si todos fuéramos agricultores y ganaderos, con infraestructuras viarias, de comunicación telefónica y digital tercermundistas, de desmantelamiento de la sanidad rural de una forma despiadada, sin alternativas reales y fiscales que estimulen a esos jóvenes a quedarse e intentar progresar en la tierra que nacieron, y todo lo demás, en una España de las autonomías, que en muchos casos lo que han hecho es crear nuevos centralismos.

Sobre todo en aquellas autonomías que engloban muchas provincias, sino que les pregunten a los habitantes no solo de León, también de Cuenca, Teruel, Almeria, Orense, Lugo, Salamanca, Soria, Segovia o Zamora, -por citar solo algunos ejemplos-, qué piensan del trato que reciben de sus gobernantes autonómicos.

No es que esté en contra de las Comunidades Autónomas, ni mucho menos, que no se rasgue las vestiduras nadie, tan solo se trata de reflejar una realidad. En el caso de Castilla y León, uno de los  problemas es esa «Y griega«, que sangra a los leoneses. Ya no se dice o escribe en muchos casos «castellanos y leoneses» o «Castilla y León», sino «castellanoleoneses o Castilla León. Pero no es tan solo una cuestión semántica. Desgraciadamente, es mucho más que eso, ni tampoco esa especie de complejo de inferioridad con respecto a Valladolid.

La realidad industrial, poblacional y palpable es que en esta Comunidad Autónoma, solo prima en intereses económicos, políticos y de futuro, el eje Valladolid, Palencia, Burgos. El resto desmantelado industrial y poblacional, lenta y dolorosamente.

Ante esta nueva reivindicación de una autonomía propia, que está muy bien, han surgido voces políticas y absolutamente ignorantes que producen vergüenza ajena. El ex-presidente de la Castilla-La Mancha José Bono Martínez afirmó: «No se pueden crear nuevas fronteras en Cataluña y León». Mire usted señor Bono: Los leoneses no quieren la independencia de España, nos sentimos muy españoles y no queremos un país propio. Tan solo pedimos, entre otras muchas cosas, que las tres provincias tengan futuro, que no sigan desmanteladas, olvidadas cada día más, que las personas que vivimos en las zonas rurales deseemos y luchemos por quedarnos en ellas porque vemos futuro, no solo para nosotros, principalmente para nuestros hijos.

Que no nos entren ganas de marchar porque pagamos más impuestos que los habitantes de las ciudades, pero recibimos unos servicios, repito, tercermundistas. No es justo que una persona que vive en la meseta o en la montaña, ya sea leonesa, de El Bierzo, Zamorana o de Salamanca pague, por ejemplo, más que un habitante de La Castellana en Madrid por tener cobertura 3G en el telefono, como mínimo, para luego no tener cobertura o quedarse semanas sin ella.

No es justo que paguemos los mismos o más impuestos que un habitante de Madrid capital, Valladolid, Barcelona o cualquier otra ciudad, para que se desmantele sin piedad y por puros intereses económicos la sanidad. No es justo que ahora, nuestros mayores se tengan que subir a un autobús y recorrer, como mínimo, 35 kilómetros para ser atendido por un médico. No es justo que no haya hospitales comarcales y tengamos que vernos obligados a masificar las urgencias de los hospitales de las ciudades. No es justo que no se estimule fiscalmente a los jóvenes para que inviertan y creen riqueza y empleo en las zonas rurales. No es justo que desde que tienen conciencia de la realidad que ven a diario, su única meta sea salir de la tierra que les vio nacer.

Podría seguir alargando las injusticias, pero las anteriores son tan solo unos ejemplos. Que les quede claro a los políticos de Salamanca, Zamora y León, sean del partido que sean, que no se puede intentar convencer con mentiras en campañas electorales, para terminadas estas, seguir haciendo lo mismo que sus antecesores, mirar para otro lado. Así que, aunque las reivindicaciones de una autonomía propia para las tres provincias, llegue 42 años tarde, el descontento social de los ciudadanos que las habitamos, puede dar un vuelco radical y convertir esas demandas en una realidad, porque el deber principal de un gobernante es hace realidad las demandas de los ciudadanos que les votaron. Pero si no lo hacen, la solución es muy fácil, se cambian democráticamente por otros que se dejen la piel en hacerlas realidad.

Foto: Archivo

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A pesar de todo, ¡Feliz Navidad Zabulón!

Si, aunque te pueda sonar raro, ¡Feliz Navidad Zabulón!, sí, porque así te llamaba tu padre cuando le cabreabas. Decía que te tenía que haber puesto ese nombre cuando te inscribió en el Registro Civil, porque él había conocido a un hombre que se llamaba así y era, como tú, testarudo como una mula resabiada.

Espero que disfrutes, a pesar de todo, de esta Navidad, que puedas comer y cenar, aunque sea con parte del dinero que robaste a los clientes, entre ellos a mi. Eso espero, lo mismo que espero que cuando te sientes a la mesa mañana en la cena de Nochebuena, te acuerdes de que hace unos años si cenaste y comiste el dia de Navidad fue gracias a la comida que yo lleve, porque no teníais en la mesa para esa cena y la comida del dia siguiente nada más que una lata de mejillones, un cuarto kilo de bacalao y turrón de baja calidad caducado del año anterior; era todo lo que había en tu casa para tres personas.

Pero, ya ves, todos no somos iguales, incluso algunos tenemos comportamientos nobles, a pesar del daño que nos hayan hecho, personas como tú que nunca han actuado de buena fé. Porque hay que ver cómo cambian los tiempos. Es curioso como se confirma esa teoría que yo tengo de que el Cielo, el purgatorio y el infierno están en este mundo, y que esta vida es como un restaurante del que nadie, absolutamente nadie, se va sin pagar la factura, y tú aún sigues pagándola. Es más, espero que vivas muchos años para seguir pagándola.

Porque seguramente ahora echaras de menos aquellas «faroladas» tuyas de cuando te creías el nuevo Florentino Pérez y recién aparecidos en el mercado los euros, iba tu esposa a la panadería del pueblo con un billete de 500 euros a comprar una barra de pan. ¡Que bien te vendrían ahora esos 500 euros!. Como tambien te hubieran venido muy bien estos ultimos años aquellos langostinos de una conocida marca que solo comía tu gata.

Hay que ver como cambia la vida y termina poniendo a cada uno en el lugar que se merece. Es curioso que la justicia divina se tenga que encargar de hacerte pagar el daño que hiciste. Si, no te cabrees ni te extrañes al leer esta carta. Que es muy cierto aquello que te dijo una vez una persona, eso de que las obras que has hecho en la casa del pueblo las hiciste con el material que hacías comprar de más a tus clientes, entre los que estoy convencido que también estoy yo.

Sencillamente porque hay que ser muy, muy miserable para robar, pero hay que serlo mucho más para robar a tu propio hermano, sencillamente porque en un momento determinado confió en ti y te dejo que le hicieras una casa mientras él vivía a más de 400 kilómetros de la obra y no podía estar controlandote.

No sabes muy bien las veces que me he arrepentido de hacerte aquel encargo. Como tampoco sabes los cabreos que cojo cada vez que veo los desastres que hiciste. Es curioso que alguien que, como tú, que se creía el mejor constructor del mundo, el que iba a enseñar a los albañiles paletos del pueblo como se hacia una casa; tú la hicieras sin utilizar nunca el nivel ni la plomada. Como ahora pasados pocos años todo son averías y desperfectos. Pero como, para colmo, las leyes en este país son como son y marcan unos plazos injustos para denunciar, ahora no puedo hacerlo porque tendría que recorrer la casa piqueta en mano para descubrir lo que se denominan «vicios ocultos».

Pero como, además, tú la dignidad y la honradez nunca las has tenido, y si alguna vez las tuviste, eran verdes y te las comió una vaca, pues en estas estamos. Solo me queda el placer de desahogarme lo mejor que se, escribiendo, y viendo con cierta satisfacción como agachas la cabeza cobardemente cuando te cruzas conmigo, sin ir más lejos ayer mismo. Eso y ver cómo sigue siendo efectiva esa justicia divina que te llevo de creerte el nuevo Florentino Pérez, a no tener que comer.

Lejos quedaron aquellos años de bonanza en que quemabas el dinero negro con viajes al Caribe y comidas y cenas copiosas. De eso a pasar a deberle dinero a todo el mundo. ¡Como cambian los tiempos y se hace bueno eso de que «el que la hace la paga».

Claro que tú y la ilegalidad siempre os habéis llevado muy bien. Recuerda cuando marchaste del pueblo a Madrid y trabajabas haciendo reformas en pisos, sin tener dados de alta en la seguridad social a los trabajadores, algo que seguiste haciendo el resto de tu vida, aunque se muy bien que esa ilegalidad también la acabaste pagando cara, vía tribunales.

Asi que nada, lo dicho, a pesar de todo ¡Feliz Navidad Zabulón!.

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¿Tan difícil es entender la vida de los camioner@s?

¿Tan difícil es entender la vida de los camioner@s? Nunca mejor dicho. No ya solo para el ciudadano de a pie, ese para el que somos una molestia y un estorbo en la carretera. Pero mucho más para las personas de nuestras familias y amigos. Convivir con el día a día de un camioner@ no es fácil, sobre todo cuando alguien de nuestro entorno no ha pasado con nosotros en una cabina de dos por dos cincuenta al menos un mes.

Viene este articulo a propósito de una desgraciada y lamentable noticia que me contaron esta semana en Barcelona. Un camionero llega a su casa después de casi tres semanas fuera y vé que su pareja le ha abandonado, desolado y hundido, decide quitarse la vida.

La familia decide que la noticia no sea recogida por ningún medio de comunicación, que se quede dentro del ámbito familiar y de amigos, que no sea explotada como que un camionero se ha suicidado. Su nombre es lo de menos. ¡Dios le tenga en la Gloria!, ¡Descanse en Paz!, ¡Ráfagas al Cielo!.

El drama está servido, una víctima más, despues de conocer de primera mano por boca de quien le conocía toda la tragedia personal, laboral y familiar de un camionero que, por encima de todo era buena persona, que contribuyó con sus viajes, noches de carretera, café, cigarrillos, horas de sueño quitadas a la almohada, y todo lo demas, a tener una casa propia. Afortunadamente en este caso no había hijos que vivieran traumados el resto de su vida por el suicidio paterno.

Este es, tan solo, un lamentable y desgraciado ejemplo, de muchos más dramas y desgracias personales que conlleva la vida de las personas que estamos a diario dándolo todo en la carretera para que, las estanterías de los supermercados estén llenas, las fábricas y almacenes estén sin materia prima, las gasolineras tengan su combustible, el correo y los paquetes lleguen a tiempo, y todo lo demás, transportados en camiones y furgonetas.

Siempre con prisas, porque ahora, hasta las alpargatas de colores son urgentes, nadie almacena, todo es para ¡Yá!. En el transporte siempre se va con retraso en la carretera. Planificadas nuestras vidas por administrativos, jefes de tráfico y «encargadillos«, que en lugar de vernos como alguien imprescindible para su trabajo y respetarnos como merecemos, nos ven como sus esclavos. Sin tener ni repajolera idea de lo que es nuestro trabajo. Juzgandonos desde el más absoluto desconocimiento, porque la ignorancia es la madre del atrevimiento, tachándonos de lo que no somos la gran inmensa mayoría: con calificativos despectivos como: «puteros», borrachos, locos, dueños de la carretera, y todo lo demás.

Absolutamente ignorantes de que l@s profesionales acarreamos sobre nuestras espaldas, fracasos matrimoniales, tenemos que ver crecer a nuestros hijos cada quince días o más, a plazos. Pidiendo al Cielo que nuestras parejas sepan entender y valorar nuestros trabajos. Con el volante entre las manos, pero con la mente en el banco, en la familia, en el jefe que no nos valora como nos merecemos y nos trata como si fuéramos una pieza más del camión, etc… Mientras nuestras familias cuidan de la nuestra con un ojo en los hijos y otro en la teleDándoles una vuelta el corazón cada vez que se enteran de un accidente en el que está implicado una furgoneta o un camión.

Porque como no hacemos ruidonos lo hacen esos «antonios»,- sí en minúsculas porque lo merecen-, que van por la carretera móvil en mano porque tan solo salen de su aburrida vida en vacaciones y puentes, víctimas de esta tecnología en la que está de moda tener un minuto de gloria en televisión, aunque para ello tengan que matar y como en la canción del maestro Sabina que cantó en Que demasio al delincuente «El Jaro»: «De esta me sacan en televisión». Pero poniéndonos en la picota en pantallas de los programas sensacionalistas de la mañana, dirigidos por personas que como ellos, no saben absolutamente nada de nuestra vida y trabajo. Eso no interesa, no hay sangre.

Esos canales de televisión que no tienen lo que hay que tener para hacer un reportaje de verdad sobre nuestras vidas. Porque solo les interesa la sangre y el sensacionalismo. Puedo aportar pruebas al respecto. El programa Salvados cuando estaba comenzando a preparar el reportaje se puso en contacto con mi persona y me quedó muy claro lo que querían, por eso recibieron la respuesta que merecían, pero eso es otra historia.

Podría escribir varios capítulos sobre este tema, hasta resultar pesado, pero no quiero alargarme. Sirva lo escrito anteriormente, tan solo, como una pequeña muestra. Como siempre ¡¡¡¡BUENA RUTA!!!!.

Foto: Archivo Camioneroleones

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¿De verdad el transporte interesa a los políticos y a la prensa?

En un año como este 2.019, cargado de elecciones generales, autonómicas, municipales y europeas; en las que nuestros oídos se han tenido que acostumbrar, o no tanto, a discursos, proclamas de todo tipo, y una llamada generalizada por todos los partidos políticos, a las urnas, poco o nada hemos oído hablar del transporte y sus problemas, tanto actuales como futuros, que lo son, y muchos.

Este país nuestro ya se ha acostumbrado a una realidad, más o menos cotidiana, con política por todas partes y de todo tipo, con noticias que llaman más o menos la atención de oyentes y telespectadores, pero siempre con esa particularidad única que tienen todos los medios informativos en España, en los que las noticias de hoy son olvidadas al día siguiente, o cuando otro titular llamativo y espectacular tapa al resto.

Poco o nada han recogido, más allá de los accidentes en los que está implicado un camión. Hoy mismo no puedo por menos de sorprenderme, por la absoluta ignorancia de los periodistas. Incapaces de distinguir entre un camionero y un transportista.

Metiéndonos a todos en el mismo saco con la polémica de la reforma del ROTT, y la exigencia de poseer el título de F.P. o el Bachillerato para acceder, los aspirantes nuevos, al título de transportista, que faculta al poseedor del mismo para ejercer como nuevo empresario a la profesión. Pero no para los conductores profesionales, que bastante tienen con gastarse el dinero en adquirir los diferentes carnets, acompañados del correspondiente curso de capacitación profesional (CAP). Mezclándolo todo con la falta de conductores, dicen que 15.000. 

Olvidándose, interesadamente, o no, de los bajos sueldos y las condiciones de trabajo. Dias, semanas y meses fuera de casa. Principalmente para que a, aquellos «antonios» que ahora mismo viajan rumbo a las vacaciones, nos vean como un estorbo en las carreteras. Porque cogen el automóvil una vez al año para viajes largos. Mientras nosotros nos quedamos obligatoriamente aparcados para que ellos circulen. Como si todo lo que llevan en el maletero, lo que compren por el camino y a su llegada a destino, se lo hubieran llevado para ellos en exclusiva en helicópteros.

Del mismo modo que no se arma cualquier revuelo correspondiente en esos programas de la televisión sensacionalista de las mañanas. No sea que vayan a perder audiencia, y manden a un reportero a preguntarle directamente a los camioneros.

Tranquilos compañeros de la ruta. Que todavía no veremos a un/a periodista subido en la cabina de un camión pasando penalidades diarias a nuestro lado. Mostrando a esos «antonios» la verdad. Si, que también somos personas, tenemos familias y vidas, que viven con la mima pasión e incertidumbre nuestros problemas, eso sí, en tiempo real.

Tranquilos, que pocos homenajes veremos a los compañeros fallecidos, auténticos profesionales del volante, cuando tristemente nos dejan, ya sea por un lamentable accidente o una enfermedad propia de nuestros años en las carretera; en esos canales sensacionalistas de las televisiones.

Eso sí, primará mucho más los dimes y diretes de famosillos de «bragueta», como la Belén Esteban, o la boda de un futbolista con una modelo y presentadora. De esas y esos que ahora se han convertido en «Influencers» o «Youtubers», porque graban al minuto sus vidas y las cargan en redes sociales con productos que se convierten milagrosamente en «tendencia».

Ironías aparte, como camionero que está cada día subido en un camión, que ve y siente en sus propias carnes los problemas que padecemos por todas partes, no solo los propios, también los del resto de compañeros de carretera. Uno, puesto a comparar unas noticias con las otras, no puede por menos de sentir cierta vergüenza ajena, de cómo esta esté país nuestro, en todos los aspectos.

Dejando de un lado la corrupción y el que aparezcan Pilatos por todas partes lavándose las manos públicamente, creo que es de recibo que también se nos dedique a nosotros al menos diez minutos en los informativos, o por parte de algún político. Para que los camioneros seamos noticia no solo por los accidentes, también por los robos, que todos somos víctimas de ellos, la falta de seguridad en aparcamientos por falta de vigilancia, tanto pública como privada y todo lo demás.

Que el personal anda muy cabreado últimamente. El día menos pensado nos levantaremos con una noticia trágica, en la que algún compañero harto de padecerlos, acabada su paciencia, hastiado de la poca vigilancia en aparcamientos y áreas de descanso, se tomará la justicia por su mano. Que conste que, a pesar de todo, yo no deseo que ocurra, pero tal y como está el panorama, cualquier cosa puede ser posible.

Del mismo modo que vemos noticias que, hasta nos pueden provocar risa, del tipo: “Conductor multado por no guardar la distancia de seguridad al adelantar a un perro”, que sí, que es real, no me la invento, al igual que otras absurdas en su contenido, también se podían tomarse la molestia los periodistas, que ejercen como tal, de dedicar alguno de sus trabajos a la otra parte del transporte.

La que sufre el cabotaje despiadado por parte, no solo de las empresas de los países del Este, también aparentemente nacionales, dispuestas a quedarse con todo, con sueldos de miseria y conductores como esclavos viviendo meses en una cabina por toda Europa sin visitar sus casas, incluso haciendo del camión su vivienda permanente, tan solo para engordar las cuentas de resultados de las multinacionales del sector.

Convertidos como todos en un número más, tele-dirigido vía GPS con control permanente, incluso hasta para que no se haga ni un kilómetro de más, ni consuman un litro más de gasóleo del que sus empresas les marcan como obligatorios.

Es tal el desconocimiento de la población sobre la realidad del transporte que uno alucina, tal vez porque los ciudadanos siempre tienen en las estanterías todo lo que quieran comprar. Si algún día no hay un producto determinado, seguramente será porque el camión no llegó a tiempo en unos horarios marcados por otros, pero así todo en la cadena del consumo, tanto en supermercados, fabricas, hospitales y demás.

Que alguien imagine que ocurriría si cada día no saliéramos a la carretera con nuestros camiones, que piense en el caos correspondiente. Pero no solo los ciudadanos de a pie, también los políticos. Por cierto, entre los primeros también estaría ese tipo de prensa que nos utiliza interesadamente, pero equivocada e ignorante. Incapaces de distinguir entre un camionero, un transportista y una empresa de transportes.

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