¿Tú de qué me conoces para juzgarme? (II)

¿Tú de qué me conoces para juzgarme? Crees que me conoces, pero simplemente me distingues del resto de la gente. Pero eso no significa que sepas como soy en realidad, algo que es muy, muy diferente a conocer a una persona. Conocer a alguien para poder juzgarlo, es estar a su lado en los momentos buenos y malos, haber tenido largas conversaciones para intercambiar todo tipo de opiniones, respetando siempre la opinión del contrario, aunque sea diferente.

En cambio tú, te permites juzgarme y airear lo que solo son especulaciones que están en tu retorcida mente. Algo que lleva a cometer errores a los que alguna vez tendrás que hacer frente. Haciendo caso de comentarios que vienen de personas que, como tú, desconocen la verdad. Porque hacer un favor a una persona que se encuentra en un momento muy delicado de su vida, para que luego todo se complique por los traumas que están en la mente de la persona a la que ayudaste, no significa que me tengan que crucificar por ello.

Pasado el tiempo, tal vez hubiera sido mejor no ayudar a nadie y que cada cual se busque la vida, porque para que la vida te meta en problemas se basta ella sola. Pero me juzgas desde el desconocimiento, conociendo solo una versión. No entiendo muy bien a qué viene ese ensañamiento conmigo. Antes, cuando te hacía favores era la misma persona que ahora, entonces ¿Qué ha cambiado?, ¿No tengo derecho a decidir sobre lo que hago con mi vida?, ¿Tan importante te crees como para juzgarme por mis decisiones que a ti no te afectan?

¿Tú de qué me conoces para juzgarme? Metiendo en serios problemas a personas inocentes, soltando por esa boca podrida improperios y mentiras. Cuando alguien tiene problemas hay que tratar de ayudarle, no meter cizaña para disfrutar con su sufrimiento, mientras tu miras para otro lado sobre tus propios problemas, preocupate de arreglar los tuyos y como en el dicho: “Vive y deja vivir”. Si alguna duda tienes, vete de frente, pregunta, muestra interés por ayudar a un familiar hablando con él directamente, no fiándote de comentarios de gente frustrada y traumada que aparenta ser feliz cuando en realidad es todo lo contrario.

¿Tú de qué me conoces para juzgarme? Para ser capaz de inventarte que un traficante de drogas, marido de una supuesta prima tuya tiene relación conmigo, con tal de meter cizaña contra mi y mi pareja y amigos. Si solo hemos hablado media hora y me di cuenta desde el primer momento del tipo de persona que eres. Preocupate de solucionar tus problemas, no metas mierda entre una familia solo para sacar beneficio. Recuerda que esta vida es como un restaurante y nadie se va de ella sin pagar la factura. Tú no vas a ser menos, recuerdalo.

Afortunadamente el tiempo termina poniendo a cada uno en su lugar, la verdad tarde o temprano se acaba sabiendo. Hay que ser muy mala persona para ser capaz de inventar conversaciones de Whatsapp utilizando el telefono de otra persona para calumniar a alguien, que es mucho mejor que tú a todos los niveles, porque que no llegas ni a la suela de sus zapatos y por eso intentas desprestigiarla cuando te diste cuenta que con ella no valían tus mentiras, ni tus manipulaciones. Se adivinan tus intenciones interesadas.

Como este tema sigue dando para mucho, esta es la segunda parte. Continuará……

 

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¿Tú de qué me conoces para juzgarme? (I)

@Camioneroleones.- Sí, te pregunto directamente desde aquí, ¿Tú de qué me conoces para juzgarme? Nadie en concreto, pero sí en general. A esas personas que se atreven, porque la ignorancia es la madre del atrevimiento, a juzgar vidas ajenas desde el más absoluto desconocimiento de la realidad.

Esas personas que van mucho más allá de lo que pueden llegar los-las pajilleros-as mentales. Que como consecuencia de su constante preocupación por juzgar las vidas ajenas olvidando las desgracias propias, desde el lado de la crítica. Esas que suelen dar por real, lo que ellas harían si en realidad estuvieran en tu lugar. Personas que han convertido su mente en un onanismo crónico.

¿Tú de qué me conoces para juzgarme?, ¿Acaso estabas a mi lado en los momentos malos?, cuando no me quedaba más remedio para ganarme la vida que recorrer toda Europa con el camión. Durmiendo, a veces, en áreas de descanso oscuras, polígonos industriales desconocidos, en lugares de los que tú saldrías corriendo; no porque yo quisiera, simplemente porque el desarrollo propio del trabajo me obligaba a ello. Sin más remedio que apurar horas y kilómetros al máximo si quería volver el fin de semana siguiente a mi casa. Pero tú, en tu onanismo, largabas por esa boca con lengua viperina que los camioneros somos todos unos puteros y yo el primero. Precisamente tú, que eras cliente habitual y asiduo de los clubs de alterne de la zona. Eso sí que es grave.

¿Tú de qué me conoces para juzgarme? Si tú, que también recorrías España por las carreteras como yo, aparcabas en frente de La Pepa y cuando yo salía del restaurante, tú lo hacías de “cambiar el aceite” del local que hay enfrente con lucecitas de colores. Que sí, que lo han visto estos ojos, que si quieres te digo hasta fechas, de esa y de otras veces que la carretera nos hacía coincidir y tú no te enterabas que yo estaba en el mismo comedor discretamente. Observaba, terminaba, pagaba y me iba como había entrado.

¿Tú de qué me conoces para juzgarme? No te quemes por mi respuesta. Que en las zonas rurales todo se sabe. Te repito nuevamente, que la ignorancia es la madre del atrevimiento. Que muchos juzgan las vidas ajenas desde la ignorancia. Personas, por llamarles de manera educada, que han visto el mundo por un agujero y cuando fueron a mirar, a los dos segundos se cerró. Sí, que hay quien va a cambiar el agua a otras fuentes más sensuales.

¿Tú de qué me conoces para juzgarme? Cuando solo conoces las versiones mal intencionadas de la bocas de personas resentidas y amargadas, pero en cambio, no tienes lo que hay que tener, para preguntarme cara a cara para conocer mi versión. Seguramente te llevarías una respuesta con pruebas y datos que te demostrarían tu error. ¿Tú de qué me conoces para juzgarme? ¿Donde estabas cuando mi vida dependia solo de que Dios me permitiera seguir viviendo despues de que mis 97 kilos se quedaran en 52? Estabas largando por esa boca que como los camioneros somos unos puteros seguramente tendría el Sida. Ahora, 7 años después de haber vuelto a mis 97 kilos, de tener un tratamiento de por vida de otra enfermedad muy diferente a la que tu largabas, hipertiroidismo, se llama, es curioso que tu ignorancia aún te haga dudar. Algo que te retrata muy bien.

¿Tú de qué me conoces para juzgarme? Desde tu catetismo crónico, das por hecho situaciones que solo están en tu mente. ¿Con qué derecho juzgas mis relaciones de pareja? No estabas en el día a día. Sencillamente porque lo que pasa en la vida privada de dos personas pertenece a su intimidad. Cuenta tu vida que esa sí que es lamentable, porque como todo se termina sabiendo, cuando por casualidad te enteras de tus andanzas, uno alucina en colores. Es curioso eso de los cuernos, quien los ve en los demás resulta que los suyos propios harían una buena ganadería.

Como este tema dá para mucho, esta es solo una primera parte. Continuará……

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Movistar: Precios de lujo, servicios de mierda

¡Malditos monopolios!, dice un amigo mio, y la verdad es que tiene mucha razón. Porque vivir en una zona de cobertura exclusiva Movistar, es un verdadero calvario, una desesperación a la que no se encuentra consuelo por mucho que reclames, sobre todo porque las llamadas de queja o pidiendo explicaciones, se las pasan por la entrepierna y la maldita “maquinita contestador” no da soluciones.

Hay muchísimo de cierto en el titular que encabeza este artículo-queja. Movistar: Precios de lujo, servicios de mierda. Es más, si se molesta la compañía de telefonía la invito a que me demande, que lo estoy deseando, sobre todo si tengo la oportunidad de decir en un hipotético juicio su comportamiento con todas las personas de bien que vivimos en esta zona de la Vega del Esla, en el Sur leonés.

Porque tener una empresa que basa principalmente su trabajo en la cobertura móvil y por cable tercermundista que Movistar nos brinda, es un auténtico calvario. Día sí y día también falla el servicio. Da exactamente igual que tengamos a unos cientos de metros la central que cubre varios pueblos, que en terrenos del Ayuntamiento hayan instalado un repetidor nuevo, y todo lo demas. No se puede tener una zona tan amplia como la que cubren, horas y días sin señal.

Ni tampoco que la velocidad esté muy por debajo de la contratada. No se puede consentir que, ahora cuando llega la época estival, y los pueblos se llenan de veraneantes y de campamentos de estudiantes, tengamos que ver como la ruleta da vueltas durante varios minutos para conectar. Por mucho que no estemos en una zona montañosa, al contrario, completamente llana. No se puede consentir que paguemos unas tarifas como si viviéramos en pleno Paseo de la Castellana de Madrid y, por el contrario, recibamos unos servicios por parte de Movistar peores que los que pueden encontrarse en las remotas cumbres del Everest o del Polo Sur.

Pero lo más cabreante es que las quejas no sirven de nada. La última vez que los pueblos afectados estuvimos más de una semana sin teléfono, ni Internet, se llevo a cabo una reclamación colectiva de los habitantes, con la colaboración de los Ayuntamientos a través de la Diputación provincial, pues bien, en el mi caso el “irrisorio descuento” fue de 6 miserables euros. ¿Esto es normal para una empresa que tiene su fuente principal de funcionamiento en la cobertura de Movistar?

No es una cuestión de dinero, ni de mayor o menor compensación. Es una cuestión de calidad del servicio, de preocuparse de que todo funcione correctamente y se acerque, lo más posible, a los servicios contratados. Porque de lo contrario, señores de Movistar, lo suyo es una estafa y un timo en toda regla. Sí, no se rasguen las vestiduras, tal y como suena, una estafa y un timo. Legalizado por aquellos gobernantes que se lo consienten. Un abuso de poder de un monopolio como el suyo que se aprovecha de que vivimos en una zona de cobertura exclusiva de Movistar. Algo que, al parecer, les dá derecho a hacer con los habitantes de estos pueblos, lo que a ustedes les dé la real gana.

Estoy seguro que la demanda, una vez más, ante el departamento de consumo de la Diputación provincial, no servirá absolutamente de nada, como mucho, un descuento de otros 6 euros en la próxima factura. Pero dentro de unos días, puede incluso que hoy mismo, volveremos a tener los mismos problemas de cobertura, la misma pésima calidad de servicio, y las mismas respuestas por medio de la “maquinita-contestador”. Porque ustedes son unos sinvergüenzas y unos caraduras que abusan descaradamente de su posición de monopolio exclusivo y prepotente.

Así que no se escandalicen por el titular de este articulo. Por si aún no lo han entendido bien, se lo vuelvo a repetir: Movistar: Precios de lujo, servicios de mierda. ¿Lo han entendido ahora o se lo vuelvo a repetir? Pues eso. ¡Ala a seguir abusando y estafando a los ciudadanos!, que eso se les dá muy bien. ¡¡¡MALDITOS MONOPOLIOS!!!. Para el resto, como siempre: ¡¡¡¡BUENA RUTA!!!!.

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El que no tiene un máster es porque no quiere

Contempla uno con asombro, humor, cierto punto de cabreo y vergüenza ajena, todo este lió que se ha montado con esto de los “masters” de los políticos, de que si los tienen o los compraron, se los regalaron como pago de favores para engordar un curriculum escaso, si tenemos gobernantes cultos, o por el contrario, estamos en manos de incompetentes que no saben hacer la “O” con un vaso.

Porque visto el panorama, el que no tiene un máster es porque no quiere, ya que da la sensación que se han puesto de moda el mercado, que puedes ir por la calle tranquilamente, entrar en una imprenta y decirle al dueño: “Quiero que me imprima un máster de experto en “nuevas tecnologías del futuro”, pero que incluya licenciaturas en economía y desarrollo del almendruco salvaje”. dicho y hecho, media hora después, ya sales a la calle más ancho que alto con tu título que te abrirá todas las puertas laborales y políticas.

Bromas a parte, en este vergonzoso asunto patrio, que nos ha convertido en el cachondeo de Europa, uno llega a la conclusión de que esto solo puede pasar en España. Sencillamente porque en cualquier otro país del Continente o en el que tenga una tradición democrática, este escándalo habría provocado inmediatamente una oleada de dimisiones irrevocables. Pero si esa dimisiones se produjeran ahora mismo en nuestro país, ya me veía yo a la gente de la calle ocupando cargos públicos, porque pocos políticos españoles de todos los partidos se librarían de dimitir.

Porque aquí, en este tema, de todos los partidos hay miembros con un historial de estudios falsificado. Así que de poco vale pedir la cabeza de unos para reemplazarlos por otros que tienen un historial parecido. Quitamos a la señora Cifuentes, que fue el primer caso que saltó a la actualidad, y la reemplazamos por un político que estuvo cobrando por unas clases que nunca dió ni apareció por esa universidad, y así prácticamente todo. Porque a tenor de lo casos que va publicando la prensa, esto suena ya a cierto cachondeo trágico.

Uno que nunca ha entendido muy bien esa manía tan española de la “titulitis”, ese empeño en tener un historial cargado de títulos y todo lo demas, cuando en realidad lo único que importa, tanto en la empresa como en la política, es que de verdad seas competente en tu trabajo y seas de los mejores en hacerlo, o en desempeñar un cargo publico que revierta eficazmente en el bienestar de los ciudadanos. Porque no creo que a nadie le importe mucho si su alcalde, diputado, ministro o gobernante tiene doscientos títulos o ninguno, si hace su trabajo muy bien, es honrado y sus decisiones y ordenes benefician el bienestar general y gobiernan de manera justa sin meter la mano en la caja.

Al menos, creo, que a nadie le importaría si no tiene títulos, salvo a aquellos que sufren ese síndrome de acumular títulos, aunque despues sean unos incompetentes. No quiero decir con esto, Dios me libre, que estudiar y formarse no sea necesario y eficaz, no es eso. A lo que me refiero es que es preferible que no tenga títulos y sea buen gobernante, a que los tenga que falsificar para conseguir cargos públicos y luego ser un pésimo y corrupto gobernante. Eso sí que es muy grave.

Así que nada, ya saben ustedes, queridos lectores, que: “El que no tienen un máster es porque no quiere”. Si no tiene tiempo de estudiar para sacarse uno, no hay problema, en cualquier imprenta lo conseguirá, cualquier universidad se lo proporcionara previo pago de las tasas correspondientes sin necesidad de ir a clase, en cualquier estantería de supermercado, a la derecha segun se entra, en la sección de librería, si busca bien, encontrará el suyo. Ironías a parte, todo este escándalo de los masters me parece vergonzoso y único en el mundo, algo que solo puede pasar en España. Como siempre ¡¡¡¡BUENA RUTA!!!!.

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¡Que Dios nos ampare!, porque “la justicia” no lo hace

Ayer me contaban un suceso realmente sorprendente, si nos puede sorprender algo ya en este país nuestro. Con gran pesar me contaba un transportista como un tribunal había desestimado una denuncia que había interpuesto contra la compañia de seguros, porque esta se negaba a hacerse cargo del importe de la mercancía que le había robado del camión-

El tribunal basa los razonamientos de su sentencia en que el robo se produjo sin que el transportista tuviera en cuenta “Sus deberes elementales de custodia de la mercancía”. Vamos que, más o menos, viene a decir que poco menos que es culpa del compañero el robo por no haber permanecido toda la noche despierto vigilando la carga y que como no fue el caso, pues nada, que no dicta a favor del compañero para que la compañía de seguros se haga cargo de los costes.

Esto clama al Cielo. Ya es lo que nos faltaba por ver. Por si no fueran pocos nuestros padecimientos diarios en la carretera. Tener que dedicarle a este trabajo más de 15 horas diarias. Aguantar presiones por todas partes. De cargadores y descargadores, clientes, oficinistas que no tienen ni idea de este trabajo y todo lo demás. También cuando llegue la hora de hacer nuestro merecido descanso, tampoco podemos hacerlo porque tendremos que estar despiertos para ahuyentar a los ladrones. Porque si cometemos el terrible error de quedarnos dormidos y somos objeto de un robo, entonces será únicamente responsabilidad nuestra.

Esta incomprensible sentencia del tribunal es una muestra más de que estamos abandonados a nuestra suerte. Dejados de lado por una sociedad que no valora como se merece nuestro trabajo. Desamparados por la Ley. Todos sabemos que la gran mayoría de las áreas de servicio, restaurantes y polígonos industriales en los que nos vemos obligados a realizar nuestros merecidos descansos, carecen de las más mínimas medidas de seguridad. Que estamos permanentemente a merced de ladrones y maleantes. No podemos dormir tranquilos. Prácticamente tenemos que hacerlo con un ojo abierto. Todo esto después de agotadoras jornadas de trabajo.

Pero que no se nos ocurra tomarnos la justicia por nuestra mano en caso de intentar defendernos de un ataque o de un robo. Porque encima nos arruinaran la vida para el resto de nuestros días. Me indigna que encima, si como en este caso, alguien sufre un robo, la justicia que, se supone, está para defendernos, diga que la culpa es del transportista por no haber vigilado la mercancía. Ante este tipo de sentencia no cabe menos que preguntarse: ¿Qué hacemos entonces? Nosotros tenemos todo el derecho del mundo a descansar. No podemos hacerlo encima con un ojo abierto, pendientes de no ser objeto de robos o de ataques.

Pagamos impuestos como el resto de los ciudadanos y tenemos todo el derecho del mundo a ser protegidos en nuestra seguridad como el resto de los ciudadanos. Se pagan seguros para que cubran los posibles robos. No es justo que sean unos jueces los que liberen a las compañías de seguros de su responsabilidad en caso de un robo y dicten que no puede hacerse cargo de los costes del daño la compañía aseguradora porque el transportista no estuvo toda la noche vigilando la mercancía. ¿Pero en qué mundo vivimos?

Somos personas. Nuestro trabajo es transportar la mercancía de un lugar a otro. Realizar nuestro cometido dignamente como cualquier otro trabajador. No tenemos que ser, además, vigilantes las 24 horas. Tienen que garantizarnos la seguridad de nuestra mercancía y de nuestras vidas. No podemos continuar en esta situación de absoluta desprotección. Viendo como a diario se producen multitud de ataques y robos de mercancía, de camiones o de combustible, mientras da la sensación de que las autoridades y las leyes protegen más a los delincuentes que a nosotros, que no somos más que honrados trabajadores que luchan -y mucho- por ganarse la vida con su trabajo, ¡Que Dios nos ampare!, porque “la justicia no lo hace”. Como siempre ¡¡¡BUENA RUTA!!!.

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